JULEN

Querría escribir estas líneas como un modesto homenaje a algunas personas a quienes he tenido la suerte de conocer a lo largo de mi camino, con quienes he tenido la suerte de coincidir, y que, por su carácter, personalidad y recorrido vital, tan diferentes a los míos, han dejado y siguen dejando una huella indeleble en mi visión de las cosas, en mi manera de observar el mundo.

A Julen lo conocí hace unos años, poco después de la pandemia, con motivo de un curso de tracción animal que impartía en Puebla de la Sierra. Mi cerebro ya lo tenía registrado desde hace un par de años antes, en sus idas y venidas pilotando su C-15 por las calles y caminos de Puebla, con su fiel amiga Jaiak, inseparable acompañante, y a veces copiloto en sus breves recorridos por el pueblo. Su semblante, tranquilo y reservado, siempre cortés y a la vez distante, como me parecían muchos de los pocos habitantes de Puebla. Con la intermediación de Jordi, también de allí, me propusieron hacer unas tomas aéreas de la tracción animal, a lo cual fue imposible negarme. A la mañana siguiente nos pusimos manos a la obra. Me llamó poderosamente la atención la facilidad y naturalidad con las que Julen conducía a la enorme y robusta yegua (la “gordi”, la “fofi”) y la pericia con la que descendía el camino con ella, justo a su derecha o su izquierda, a veces trotando suavemente, arrastrando troncos caídos de roble. Dirigiéndola magistralmente, como un director de orquesta con batuta invisible. 

Bajando troncos con la Fofi y Jaiak

Después de aquel dia, he tenido la oportunidad de estar con él en otros eventos similares: talleres de huerto, esquileo, curso de apeo de pinos… Incluso nos ha guiado desinteresadamente en alguna salida otoñal a buscar setas por los alrededores del pueblo, a mi y a mi hijo pequeño. Siempre con aire pausado y la mirada serena, como si el tiempo se detuviera a su antojo. Haciendo altos en el camino o en el trabajo, elaborando un cigarrillo con el tabaco y papel de fumar de sus bolsillos, saboreándolo con las pupilas perdidas en el horizonte de robles y montañas.

Trabajando la tierra

En la fiesta de El Esquileo

Salida otoñal a por setas

Desde aquí, desde la jungla de asfalto, hormigón y acero, se valoran mucho esos momentos vividos, esos recuerdos, y siento cierta envidia de esa autosuficiencia que transmite, de esa comunión con los animales y la naturaleza , de no estar sujeto en muchos momentos a las imposiciones horarias y al ritmo implacable que este mundo de locos le tuviera reservado. Y hablando de Puebla de la Sierra, aquel recóndito lugar que con cierta frecuencia tengo el privilegio de habitar, se esboza una pequeña sonrisa en mi rostro al rememorar esos momentos compartidos con él, y también por tener la certeza de que aquel lugar es un sitio mejor con Julen allí.

Vídeo tracción animal

https://youtu.be/txfJMptubno

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *